Cada queso empieza aquí.
Cabras Saanen y Alpina cuidadas en el Maule. Un rebaño pequeño, observado todos los días y conocido por su nombre.
Dos razas, una leche con más matices.
En Rainihue trabajamos con Saanen y Alpina porque cada una aporta algo distinto. La suavidad y limpieza que buscamos para los frescos convive con la estructura que necesitan los quesos de maduración más larga.
Saanen
Claras, serenas y muy observadoras. En nuestra quesería, su leche aporta un perfil limpio y suave que funciona especialmente bien en los quesos frescos y untables de la casa.
Alpina
Más inquietas, curiosas y de pelajes muy distintos. En Rainihue, su leche suma estructura y profundidad a las piezas que pasarán más tiempo madurando en la cava.
El cuidado ocurre todos los días.
No existe una jornada idéntica a otra, pero sí una secuencia que se repite: mirar, escuchar, alimentar, ordeñar y volver a mirar.
Revisión
Antes de cualquier tarea, observamos el ánimo, el movimiento y el apetito de cada cabra.
Ordeñe
Una rutina tranquila y limpia. La leche se enfría de inmediato antes de entrar a la quesería.
Movimiento
Alimentación, agua, sombra y espacio para caminar, rumiar y descansar sin apuro.
Resguardo
Volvemos a revisar el rebaño y dejamos el corral limpio, seco y preparado para la noche.
La primera receta.
La calidad de la leche no se corrige después: se construye en el corral. Por eso el manejo se adapta al clima, a la temporada y al estado de cada animal.
“Ninguna cabra se ordeña si no está bien.”
Peluso también es parte de la historia.
Acompaña las rutinas del corral, vigila cada movimiento y recibe a quienes llegan a conocer la granja. Aunque Rafael y Nicole hagan el queso, Peluso está convencido de que él dirige todo.
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El cuidado también se puede probar.
Cada queso Rainihue comienza con este rebaño, esta leche y una rutina que respetamos todos los días.